El final Parte II

Estamos en las afueras de la mansión en los bosques de pinos blancos. Es un lugar de dimensiones absurdas, bien escondida y con pasajes subterráneos desconocidos. Si nuestra fuente no nos hubiera brindado semejante dato tal vez hubiéramos perdido la guerra. Aquí, supuestamente, se encuentra los dos grandes jefes de la organización que se han llevado a nuestros grandes amigos, a Bill, Miguel, Gabriel, Daina y mi amada Isabella, ella inició todo en su afán por salvar a la humanidad hizo despertar los peores planes de estos seres monstruosos.
Hoy para llevar a cabo este ataque somos pocos, tal solo tres, Adolf, aún dolorido, Reese, y yo. Tan solo tres contra miles de hombres armados. Los demás, que son solos novatos se dirigen al Jardín de Edén para asesinar a cada uno de los que estén ahí. Taiana por su parte se dirigió a resguardar la seguridad de la libreta dorada, teme que ya la hayan descubierto, yo sé que eso no sucedió.
Miss Poison nos brindó un pequeño mapa de dónde se encuentra la cura y cómo llegar a ella dentro de la mansión. Tememos que sea una trampa, pero otra no nos queda más que confiar. Lastimosamente no podemos pedirle otro favor, se ha suicidado en su celda con una pequeña pastilla de cianuro. No quería que acabara así con su tortuosa vida, quería que supiera que fue engañada, no me sorprendería que su familia haya sido asesinada para poder manipularla. Creo que todos lo fuimos, a su forma por los Arcanos o el círculo.
A Daina la extraño en demasía, más cuando el aroma de su perfume quedo impregnado en mis sábanas, en mi piel. Aunque ella fue reacia a los sentimientos, la llegue a amar. Me sorprende que no quisiera ir a salvar a su padre que quedó atrapado en Hanchi. Quisimos enviar un grupo de rescate pero los supremos nos negaron toda tipo de acción. Hasta la que estamos por llevar a cabo en este preciso momento. Ahora es más que obvio que ellos son participes del círculo.

— ¿Cuál sería el plan?— dice Adolf—
— La verdad que no lo sé— respondí nervioso—
— Tienes que calmarte y busca dentro tuyo la respuesta—
— Si lo sé… ¿Me puedes prestar tu celular?

Al cedérmelo, marcó el número de Taiana y al darme el contestador le dejo un mensaje:
“Hija sé que he sido un padre ausente, sé que de chica necesitabas otra tipo de enseñanza y yo solamente me dediqué a torturarme por la pérdida de tu madre, mi gran amor. También sé que tú vida alejada de mi fue fructífera y que me llena de orgullo ver en la gran mujer que te has transformado… Ahora, en este preciso momento vamos a llevar a cabo una misión suicida, en mi caso es una misión pura y exclusivamente de venganza. Pero no quiero dejar pasar la oportunidad de decirte que no me queda mucho tiempo de vida, tengo un cáncer agresivo y sin posibilidad de vencerlo… Nuestra historia se repite, sé que debí buscar otra manera de decírtelo pero no…— una lágrima se hace presente, me la seco y continuo— quiero que seas feliz, que busques tu destino y que ames de las mil maneras. La libreta dorada déjala en buenas manos, te deje instrucciones en nuestro escondite secreto. Busca la carta de despidida de tu madre, la mía y vive feliz. Te amo hija, sos y serás mi orgullo— corto la llamada—

Respiro profundo, observo hacia todos lados. Demasiada tranquilidad  seguro que traerá una gran tempestad. ¿Que encontraremos en las instalaciones? No lo sabremos. ¿Si nos esperan? Eso seguro. Seguro no vayamos a sobrevivir, pero no me importa. La guerra tampoco me importa, si cicatriz es quien yo pienso que es, tampoco me interesa. Solo quiero dejarle un mundo mejor a mi hija. Isabella se sacrificó por hacerlo, y ahora es mi turno.

— Vamos— digo tocando el hombro de Adolf y cargo mi metralleta—
— Observo que posees valentía en lugar de un plan fijo— dice sonriendo—
— Que bien me conoces— le devuelvo la sonrisa— Reese serás el francotirador, acaba con todos los guardias de los tejados, y con los que se interpongan en nuestro camino. Basta de ser sigilosos, basta de no querer llamar la atención. Ellos siempre nos atacaron de frente sin medir las consecuencias y es lo que haremos. Eso sí Adolf, tu encárgate de la cura y si puedes hazla llegar a la manos de Joshep que está juntando científicos y la tecnología para producirla a pasos agigantados. Sé que los infectados han logrado contaminar varios países pero aparentemente está siendo contenido con el ejército de las naciones unidas.
— Los protegeré— acotó Reese— me dan dado una nueva oportunidad de limpiar mi nombre, de saber que hay otra vida por fuera de la que yo conocía. Cuando acabe con cada uno de ellos, ingresaré a ayudarlos. Quieran o no— su rostro se tornó sombrío—
— Está bien— digo con calma— aquí somos dos contra un ejército.
— No creo que así sea— dice Adolf— ellos perdieron mucha hombres en la última arremetida, aparte debieron doblegar fuerzas en los dos lugares más importante sin saber dónde atacaríamos. Y si me dejes arriesgarme, mis Poison no les dijo como le fue. Entonces asumen que murió en el tiroteo y que no dió ninguna coordenada. Ellos no nos esperan… Sé que no…
— Que sea lo que tenga que ser— comienzo a caminar hacia la puerta principal, que es de madera de no más de dos metros—
Nos ocultamos a pocos metros de llegar dado que comenzó el tiroteo. Adolf lo noto nervioso, creo que el efecto post traumático de su último encuentro con la muerte hoy le juega una mala pasada. Todo depende de mí, solo de mí.
Logro herir a un guardia que se aproximaba hacia donde nos encontramos. Reese acaba con los restantes. Esperamos unos segundos para verificar que no corremos peligros en las afueras.
— Thomas… Yo sé que tú misión posterior a esta era terminar con los supremos pero.— me adelantó y digo—
— No digas nada… Ahora estamos en peligro, el futuro lo analizaremos luego de esta misión.

Ingresamos, la luz tenue y el silencio atroz encienden mis alarmas. Le entrego el plano del subsuelo a Adolf y nos despedimos con un abrazo como si fuera un adiós. Tal vez nunca nos volvamos a ver, quedarán palabras sin decir, agradecimientos no dado y alegrías sin festejos. Entendemos a través de una mirada fugaz que todo está dicho que todo lo que sucedió y sucederá será por un  bien mayor.
Desandar un camino al que soñé caminar, un lugar donde la verdad puede estar a abrir cualquier puerta o a la vuelta del pasillo. ¿Será arriba o abajo? No lo sé, no sé nada. Lo único que deseo es acabar con esta batalla a como dé lugar. Aunque ellos mueran va a haber gente que los van a reemplazar o llevar más lejos la ideología. Pero le daré tiempo a Taiana que escape, que logre irse sin mirar atrás y, sin preocuparse que alguna noche la asesinen mientras duerma.
Deje pasar muchas puertas, al no divisar luz que salga por la parte de abajo. Subo un piso, y al final del pasillo me entrelazó a un tiroteo con dos guardias, no fueron oponentes dignos. No fueron bien entrenados, igual insulto al aire porque ellos no son culpables de mi venganza pero tampoco son inocentes, saben dónde están y que actos macabros se entrelazaron en esta base.
Luego de esquivar los cuerpos la única habitación que posee luz es la final de todas, me acerco sigiloso. Apoyo mi oído en la puerta, escucho varias voces y pasos. Me distraigo al escuchar disparos a lo lejos signo de que Adolf y tal vez Reese estén batallando contra una fuerza superior. Pero no me puedo preocupar por ellos, no es momento, debo confiar en sus capacidades.
Pienso como ingresar pero no hay demasiado que analizar, un solo ingreso y una salida. Ellos me esperan y yo debo intentar tomarlos por sorpresa, entro y lo hago con suma velocidad acabando con dos guardias que casi me hieren. Sentado en una mesa larga, vestido de traje negro, camisa del mismo tono y una corbata marrón. Un sombrero negro se encuentra según mí criterio tiene que ser Castle. Podría matarlo de un solo disparo pero me parece que es una trampa por su falta de empatía con el peligro que mi arma debería generarle.
Me acerco, me siento y lo miro fijamente. Varios segundos de silencio, ni los insectos se arriesgaron a pasar a nuestro lado. La tensión invitaba a que todo terminará de la peor manera, en un baño de sangre. Pero no tendría razón de ser sin saber su verdad, porque asesino a tantos seres y porque Ethan, el detective acabo de la misma manera sin ser partícipe de esta guerra.
— Aquí me tienes— digo con calma camuflada en una ira insostenible—
— Te confundiste de persona— dice una voz detrás de mí me golpea y termino herido en el piso—
La sangre comienza a brotar de la herida con suma lentitud, caí en una trampa tan vieja como inteligente. Podría haberme asesinado sin que yo lo notara.
— Levántate y siéntate nuevamente… Es hora que nos enfrentemos cara a cara, y la verdad sea la que decida nuestros destinos.
— ¿Quién eres? muestras tu rostro— su voz femenina me indica a quien me enfrento—
— Bueno… Bueno… Thomas ha llegado el gran día, y para nuestra alegría la lluvia que recién inicia vuelve esta reunión más romántica de lo que esperaba— se sienta a mi frente, es una mujer rubia, ojos claros, rostro desfigurado. Esta con heridas de corte, debe haber sido torturada de más. Su pelo corto demuestra que debe poseer más heridas de las que se pueden divisar— ¿Me recuerdas?
— La verdad que no— digo congojado, sé que le debo haber causado mucho daño para el nivel de odio que va dirigido hacia mi persona—
— Era obvio que iba a suceder, siempre fuiste así de olvidadizo… Está bien admito que mi aspecto ha cambiado después de más de 25 años— sonríe—
— Tu eres…— digo con miedo con tintes de sorpresa—
— Yo soy Elisabeth Marfirt— me giña el ojo derecho— ¿Me recuerdas?
— Si… pero tú estabas…
— ¿Muerta? Si lo sé… Lo estoy pero de otra manera… Me dejaron tirada como basura en el bosque esperando que las animales me comieran… Pero eso no sucedió, me salvaron… Jack Ryan un simple guardabosque me encontró, me sano y me entrego a sus amigos. Ellos me entrenaron para que pertenezca a este hermoso círculo. Y sabes que te culpo por lo que me sucedió, sabes que tú eres el culpable… Por eso tienes ese miedo en los ojos, acabaré contigo…mis violadores quedaron castrados y comidos por osos. Pero el que más daño me género está aquí sentado, sin lengua y se hace pasar por el Señor Castle porque si no eres hombre en esta ciudad no eres nadie. Entonces planee todo con sutileza, ingresé por la puerta de atrás a esta sociedad. Cicatriz no quería me presencia aquí pero tuvo que aceptarla luego que le demostrará mi capacidad asesina. Acabe con sus mejores hombres en la jaula de pelea para ascender a ser su mano derecha. Luego le ofrecí que este animal sarnoso— lo golpea y sigue— sea la cara visible del famoso Señor Castle. Lo demás es historia sabida. Lo que sucedió con tu esposa y con tu hija.
— Espera—digo con un cierta calma que no poseo— Yo no soy culpable de lo que te sucedió ese fatídico día.
— ¿Eres tonto o no comprendes el acto que cometiste?
— Tú estás confundida… Te dije ese día que no quería saber nada de ti y aun así acudiste a la cita y te secuestraron…
— Si porque asumí que la ibas a dejar a Isabella…
— Asumiste mal— respondo con enojo—
— Tu eres tan culpable como el detective Ethan O’neill…
— No Elisabeth… Los culpables ya los atrapaste, lo que te produjeron semejante daño son los que merecían morir. No Isabella, no Ethan y no los demás que los asesinaste por tu extrema ira.
— Tú no sabes nada…— me apunta—
— Tú eres la que no sabe nada… Aunque me asesines, o a este tonto…no solucionará lo que te sucedió, las pesadillas, el dolor continuará hasta tu muerte…
— No me interesa Thomas, por lo menos…
— ¿Por lo menos qué? Por lo menos te vengaste de alguien que te dijo que no y aun así fuiste a ese lugar. Te secuestran por su maldad y merecieron lo peor pero tiene que admitir que debiste entender que jamás cedería a tus encantos. Tiene que hacerte cargo de tus decisiones.
— Thomas ellos y tu son los culpables, ellos son los enfermos que merecían ser sacrificados y tú, maldito, mereces morir por llevarme a esa boca del lobo.
— Elisabeth si merezco morir o no, solo tú lo decides porque posees el arma. Pero Isabella no lo merecía…
— Ella fue la que te arrebato de mis brazos y permitió…
— Ella no permitió nada… Ella no sabía de tu existencia y murió pensando que peleaba contra otro enemigo…
— igualmente merecía morir sufriendo como lo hice yo, sentir que tu vida se acaba desde adentro hacia afuera…
— Bueno… No nos pondremos de acuerdo…quieres que te pida disculpas, no lo haré…
— No quiero eso, quiero que acabes con esta escoria— me entrega el arma— si no lo haces serás tú el que morirá—
— Está bien— la agarro y le disparó en la cabeza, muere en el acto con sus ojos inyectados en miedo— ahora te toca a ti— le apuntó y le disparó, pero el tiró no sale—
— Thomas…Thomas… No me subestimes… ¿Crees que sería tan estúpida de darte una arma con más municiones para matarme?— me apunta con otra arma que tenía escondida— ahora llegó tu hora…
— Si no eres tú quien me asesine será el cáncer— le sonrío— así que no sería un venganza o que no espere mi muerte.
— ¡¡¡Oh pobre Thomas!!!— libera una carcajada— no me interesa que es lo que pienses o sientas, aquí será tu tumba pero… Tu querida hija que fue a buscar la famosa libreta que en mi caso no me interesa, va a ser raptada por mis hombres para que sufra lo que yo viví y la dejen tirada en el bosque para que los carroñeros se alimenten de su cuerpo. Será tan bello verlo, será tan bello saber que cumplí con mi meta.
— ¿Esperas que reaccione con enojo?, o ¿qué te diga que no lo hagas? Estás muy confundida, diría que errada. Observa bien el arma que me diste, con mis años en la policía ¿piensas que no se el peso de una arma vacía o como queda luego del último disparo?, Ahí es donde tú me subestiman a mí. Al darme cuenta que no necesitas mis disculpas, y que el daño que te produjeron que es extremo e incurable, no logras divisar que Taiana no debe pagar mis errores. Ojalá no te hubieran dejado con vida— con suma velocidad le arrojó el arma pegándole en el medio del rostro y dispara provocandome una herida profunda en mi hombro—

Logro salir con vida aunque me sigue disparando. Consigo ocultarme en una habitación, la sangre comienza a recorrer por mi brazo izquierdo. Una herida así si no es atendida con urgencia puedo morir desangrado. Los pasos que asumo son de ella se alejan de mi posición, presumo que es porque hay disparos cruzados. Deben ser mis amigos que vienen a salvarme.
— Muchachos— digo con alegría al verlos ingresar, están con heridas superficiales pero sus ojos demuestran cansancio—
— Debemos irnos, son más de los que esperábamos— Dice Adolf ayudándome a levantarme—
— No me iré sin cicatriz— digo con dificultad—
— Será en otro momento— acota Reese— ya tenemos la cura, podemos salvar al mundo.
— No vine aquí a salvar a nadie, solo quiero acabar con él— digo agarrando unas tres granadas que posee Reese— ustedes vayan con Joshep y que comience a producir la cura. Díganme donde está él y escapen. Según los planos hay un garaje en la zona oeste y allí tendrán su medio de escape.
— No te podemos dejar aquí, estás mal herido, es una misión suicida— suspiro Adolf—
— Desde un comienzo lo fue, nunca espere salir de aquí con vida— los abrazo a los dos— vayan y ganen está guerra— le digo algo al oído a Adolf y asiente con la cabeza y se retiran—

Con mi metralleta comienzo a desandar el final. La ubicación me la brindo Adolf que es en la zona céntrica del edificio, sólo tiene una entrada y está fuertemente custodiada. En el lugar hay unos tanques de oxígeno a dado que cicatriz según dicen sufre de problemas pulmonares. Por eso nunca se lo ha visto. Deben ser no más de siete hombres, pero no estoy en condiciones de batallar. Pero… Aunque dentro de mí quiera sobrevivir, soy el único capaz de acabar con esto… Me asomó y veo a dos guardias en la puerta, les apunto y disparó, generando sus muertes y que mi herida se agudice por el retroceso del arma. Espero unos segundos y salen otros cuatro más. Logré derribar dos y luego debo ocultarme, me repelen sus compañeros. Todo se ha complicado, pero debo saber salir de estas situaciones. Le quito el seguro a dos granadas y las arrojó. La explosión me deja aturdido pero logré acabar con ellos y con dos hombres más que se apresuraron en salir a mi búsqueda. La suerte estuvo de mi lado nuevamente, pero se acabara. Pronto será mi final.
Camino herido, aturdido y decidido. Es el momento de mi encuentro con cicatriz. Ingreso y lo veo sentado, desarmado y con una sonrisa.
— Te estaba esperando Thomas— dice invitándome a entrar—
— Sabía que eras tú— ingreso y cierro la puerta, el momento de la verdad ha llegado—

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