El final Parte I

     — Buenos día— me dice Adolf al momento que abro los ojos, un dolor de cabeza hace que cierre mi ojo derecho— tuviste suerte que llegáramos a tiempo y Reese disparara con certeza.
— Si pero…— me cuesta hablar— Daina no se salvó.
— Sé que te cuesta entenderlo pero ella ya había cumplido su misión en este mundo… Ya logró limpiar la memoria de sus familiares. A veces suceden cosas que nunca entenderemos. A veces querido Thomas, las personas nos abandonan sin mirar que nosotros estamos.
— Lo sé— suspiro y me acomodo mejor en la cama, el suero me hace doler el brazo— sabía que el día que me enamorara nuevamente, el destino me la arrebataría. Pero estoy calmado porque sé que ella batalló como una guerrera para conseguir su venganza, aunque no estuviera de acuerdo,
— Mejor que puedas vivir en paz luego de lo que tengo que decir, o mejor te lo dirá Joseph. Quiero que estés en calma.
— ¿Pero qué sucede? ¿Porque estoy con suero? ¿Porque tengo una venda en el cuello?— indago con desesperación—
— Aún estás en shock y no recuerdas nada. Pero cuando Reese disparó el vidrio estalló y un pequeño pedazo se incrustó en tu cuello y te desmayaste por la presión o la pérdida de sangre pero en un día o dos ya estarás de vuelta. La primera pregunta aún no te la puedo responder, en sí, no debo hacerlo.
— ¿Porque no?— indago enojado—
— No me corresponde— me agarra la mano— ten calma y paciencia. Todo va a salir bien.
— Sabes que no me gustan las frases de auto ayuda— lo observo molesto—
— Te dije que antes yo era un sádico asesino y cambié. Todo lo podemos hacer. Ahora utilizo esa energía asesina en vengar a nuestros amigos. Por eso te pido paciencia, que entiendas que de todo se puede salir.
— No seguiré indagando porque será en vano. ¿Quién es Reese?— Toso y me duele la herida—
— Tu amigo el fantasma— me esquiva la mirada— estuvo averiguando lo que le pediste.
— ¿Obtuvo las respuestas?
— Si— dice con una cierta angustia— lo devastó.
— Lo sabía— sonrío— pero él debía enfrentarse a la realidad de haber asesinado a tu amigo que era inocente, aunque en esto él también es una víctima.
— Él no es ninguna víctima— dice con enojo— Ethan lo era, su familia, que sufre su perdida, lo es. No un sicario que no se tomó la molestia de averiguar quién era su próximo objetivo.
— Y si es así, ¿porque no lo mataste?— Pregunto con tranquilidad—
— Porque te dije que he cambiado, dejé de ser ese vengador sanguinario— me vuelve a esquivar la mirada—
— Creo que al verlo a los ojos, notaste lo mismo que yo. Es un alma en pena que no conoció otro camino que ser sicario. Fue entrenado de pequeño, su padre lo educó… Creo… Y es solo mi opinión, te viste reflejado.
— Te confundes Thomas… Mejor te dejo a que esperes a Joseph— se coloca de pie y se retira sin mediar palabra—

Respiro profundo y exhalo con sutileza. Me incomoda dialogar de esa manera con Adolf pero debe entender que debe ver más allá de lo que su realidad le quiere mostrar. La pérdida de un amigo, de un ser querido, de manera violenta es lo peor que un ser humano puede experimentar. Desde mi experiencia la venganza es el único medio que hoy en día conozco. Pero él debe vengarse de Castle y no de Reese que solo fue un chivo expiatorio.

— No desesperes amor mío— oigo una voz sumamente conocida— tienes que entender que es momento de empezar de cero.

Observo para todos lados y no logro divisar nada. Me estoy comenzando a volver loco. Estoy sufriendo demasiadas presiones en este corto lapso de tiempo, tendría que ser medicado por un psiquiatra.

— No lo estás, no necesitas ningún medicamento. Solo requieres sacarte toda la culpa que sientes por mí perdida— Es Isabella.

Su vestimenta es blanca, radiante y la cubre hasta pocos centímetros arriba de sus rodillas. Sus ojos marrones claros que me enamoraron aquella tarde noche en el bar Kevingston. Su cabello claro, con rizos que siempre se le formaron por la humedad y descalza como ella amaba estar, en contacto con la naturaleza. Su rostro sin ninguna arruga por el estrés y liberado de toda presión diaria. Es tan bella que desearía estar muerto para pasar la eternidad a su lado.

— Ya habrá tiempo para que estemos juntos— dice con calma— ahora debes proteger a nuestra hija.
— Es lo que intento amor mío— digo con tristeza— pero ellos nos superan.
— Tu peor enemigo es tu falta de confianza no el número de hombres del Círculo— dice con una leve sonrisa— Thomas, amor mío, a veces cuando te sientes agobiado, derrotado, tiendes a bajar los brazos. Y acuérdate que siempre te dije que en ese momento es cuando más fuerzas debes poseer. Es ahí, cuando no queda nada por lo que batallar, cuando tú vista se comienza a tornar oscura y sientes el aliento agrio de la muerte en tu espalda, es donde debe nacer la luz, las ganas de vivir,  aferrarte al mundo, a lo tuyo.
— A pesar de tu partida— digo con angustia— vuelves para seguir enseñándome a vivir.
— Tú lo sabes, solo vine a ver a mi gran amor, mis palabras hacen eco en tus oídos y destrozan tu alma porque dentro tuyo hay una batalla aguerrida entre quedarse o morir en la soledad. Thomas, ¿recuerdas aquella tarde cuando se producía el ocaso, recuerdas que te dije?
— Si, lo recuerdo—  mis ojos llenos de lágrimas me nublan toda la habitación—
— Jamás, aunque no quede nadie, te des por vencido, porque aún vencido, hay que ganar. Cuando el enemigo con su egolatría te coloque su pie en tu tórax y se ría. Es ahí, en ese segundo donde le agarras el tobillo y lo volteas, y le demuestras que tienes ganas de vencerlo— entrelazamos las manos y siento, luego de mucho tiempo una sensación de paz— nosotros Thomas no te abandonamos, solo tenemos nuestras batallas aparte y tú eres nuestro aliado.

— Entiendo de sus batallas pero he quedado solo y sólo deseo ver un amanecer a tu lado, sin palabras, sin besos, solo los dos abrazados viendo como la luz nos enceguece, como nuestro amor a pesar de las diferencias, crece a pasos agigantados. Tu partida, tu ida, tu ausencia, me dejó devastado. Nada, ni nadie, te han superado. El alcohol y la droga no han logrado su meta de llevarme a tu lado. En un tiroteo me quedé paralizado a la espera de un proyectil que acabara con mi angustia y ni él lo logró. Taiana no merece un padre como yo.
— ¿Estás seguro de lo que dices?
— Muy seguro— digo con angustia—
— Estás en una equivocación, te alejaste de la verdad. Ella tuvo un padre presente que cometió un error, pero no por eso debes torturarte. La acabas de salvar de una muerte segura y Taiana te dará una hermosa sorpresa. Ahora debo irme Thomas
— No te vayas por favor— mi voz se agudiza por el nudo en la garganta— no me vuelvas de dejar.
— Debo hacerlo— sonríe—
— Solo regálame un tiempo más de tu presencia, de tu voz— digo con dificultad—
— Ojalá pudiera— me da un beso en la boca, que pareció eterno y desapareció—

La habitación quedó en silencio, pero de ese silencio que aturde. Esa soledad que te atormenta como millones de monstruos que te arrancan de a poco pequeños pedazos del alma. Esta sensación ya la experimenté, el mismo día que enterré a Isabella.

— Thomas— dice Joseph sentándose a mi lado— tenemos que hablar.
— Lo sé— digo con calma— sé que son malas noticias.
— Si— libera un suspiro— esperaba que no fuera así, pero lamentablemente lo es. Cuando te trajimos por tus heridas, te realicé estudios más profundos por miedo a que un golpe en la cabeza te haya producido algún tipo de derrame. Pero fue peor, tienes un tumor muy agresivo. Un glioblastoma de grado avanzado. Nos sorprende que no hayas presentado ningún síntoma.
— Si los presente, mis dolores de cabeza, mis desmayos, pero nunca recurrí a tu consulta. Presentí que no eran buenas noticias— digo con una pequeña sonrisa angustiosa—
— No debiste tomar esa resolución, debiste buscarme para aunque sea intentar buscar una cura— dice mirándome a los ojos intentando buscar respuestas a tantas preguntas que su mirada demuestran—
— La muerte me ha venido a buscar tantísimas veces que hoy en día la dejaré ganar. Podría asumir que el Círculo me lo produjo como con Isabella pero estoy seguro que todo fue pura y exclusivamente malas elecciones. Sé que tendría que batallar por mi hija y por la vida, pero no lo quiero hacer. El cansancio ha ganado la pulseada, pero no me iré de este mundo sin acabar con Cicatriz. ¿Cuánto tiempo me queda?
— Tal vez un mes o dos pero con…—Lo interrumpo—
— Expresé nada de tratamiento, se lo que pasó con Isabella y no me quiero someter a esos químicos.
—Pero Thomas…
— Joseph te agradezco todo lo que hiciste y vas a hacer conmigo pero he tomado mi decisión y quiero que la respetes— le guiño el ojo—
— Está bien pero promete que no harás una locura—
— Nací y vivo en el limbo entre la cordura y la locura— sonrío— eso sí, nada de esto a mi hija, no quiero que vuelva a sufrir como en el pasado.
— En algún momento deberás decírselo.
— Si, a su tiempo lo haré— toso— ahora solo requiero tiempo y espacio para digerir lo que me has dicho.

Un escalofrío toma posesión de mi cuerpo, una pequeña lágrima comienza a recorrer mi rostro. El miedo a la muerte, aunque jamás admití poseerlo, es inevitable. Va a suceder, tal vez no hoy pero pronto. Siempre deseaba, luego de perder a Isabella, yacer en una tumba poco profunda en el cementerio al lado de mi amor. Todas las noches, rogaba a la mañana siguiente no despertar. Asumí que merecía una muerte pacífica. Pero siempre el destino tiene mejores cartas. Y él decidió que fallezca con sufrimiento. Pero aunque el juego parezca terminado, que la gente aclame al ganador, yo tengo un As bajo la manga.
Una enfermera joven y bella ingresa. En silencio deja una bandeja de metal con una jeringa. Sin mediar palabras me mide el pulso, observa que esté todo en óptimas condiciones.

— ¿Sabes cuándo me dejaran ir?— indago con tristeza—
— Eso se lo dirá el doctor—
— Pero…— comienzo a sentirme débil—
— No sé preocupe, pronto estará mejor. Déjeme que lo lleve a un mejor lugar— sus palabras comienzan a perderse.
— ¿Que me está haciendo?
— Shh, muérase en paz—

Logro mirarla, es rubia, sus rostro desfigurado me produjo un terror avasallante. No poseo fuerzas, no poseo deseo de pelear. Tal vez tenga razón y deba dejarme morir. La luz de la habitación comienza a cansarme los párpados, los cierro y dejo que la paz me invada. Siento tiros como ecos que resuenan en mis oídos. Pero ya nada importa, solo que Taiana deba continuar sin mí. Eso es… Taiana y se dónde está la libreta Dorada.

— Ni lo intentes— le agarro el brazo— no sé quién eres pero no eres bienvenida aquí— me cuesta sostenerla pero la fuerza brota por cada poro.
— Soy… ¿Cómo decirlo?… Tu ángel de la muerte, pero me conocen como Miss Poison— se suelta— yo quería darte una muerte pacífica pero parece que no la deseas así— busca en su bolso que estaba escondido detrás de una silla— A veces Thomas uno debe dejarse llevar por la muerte. Tienes un cáncer terminal que te hará sufrir, sentirás dolor hasta en el último rincón de tu cuerpo. ¿Por qué deseas pelear contra lo inevitable?— me apunta con una pequeña arma— ¿Por qué no dejas que sea yo quien te dé tu sentencia final?
— Fácil Miss— en mi rostro se ilumina una sonrisa— porque eres tú quién debe morir. Les ruego que acaben de subestimarnos. Siempre nos ven débiles y piensan que no podremos batallar contra ustedes. No sé por qué te han atrapado en su red de mentiras, no sé qué le habrán dicho a la gran bioquímica que deseaba curar a la sociedad para convencerla de acabar con la misma. Te he estudiado en mis tiempos libres, tu coeficiente intelectual es superior al resto. Has sintetizado moléculas que el mundo desconoce. Has creado diferente vacunas, hasta has curado en varios pacientes el HIV. Y mírate Miss, te encuentras parada a mi lado, apuntándome y a instantes de asesinarme. Espero que, por lo que sea que estés haciendo esto, valga la pena.

— Si me hubieras estudiado sabrías que me sucedió— dice enojada—
— Sí, lo sé. Han asesinado a tu familia en ocasión de robo. Pero ¿por eso vas detrás de los que quieren ayudar y a favor de los que quieren destruir en supuestas bases de renovación? Dudo que la memoria de ellos se limpie acabando con la vida cómo se la conoce.
— ¡Tú no sabes nada y no hables de mi familia!— dispara y la bala pasa a pocos centímetros míos para quedar incrustada en la pared— la sociedad se ha enfermado y no existe ninguna cura o vacuna más que la evolución. Debe haber muerte para que renazca la vida. En este país hay una alta tasa de violadores, asesinos y ni hablar de los inmundos pedófilos. ¿Y quieres que dejemos las cosas como están? Tan tonto no aparentabas ser— su rostro no deja de ser serio, insume miedo y demuestra decisión— En mi lecho, casi al borde del suicidio, Castle me convenció que la pérdida de mi familia tenía que ser el punto de partida para llevar a cabo la misión limpieza. Tal vez no esté de acuerdo con ciertas cosas pero en líneas generales apoyo la causa hasta mi muerte.
— ¿Y si eres tan importante porque te envía a matarme?— indago con una tranquilidad engañosa—
— Porque tú lo eres— sonríe— tu para Castle lo eres. Creo que en demasía, diría que te ama.
— No me interesa su amor— escupo hacia mi derecha— hazlo ya, pero antes respóndeme una cosa para poder irme en paz.
— Soy todos oídos, te lo permito porque no tengo nada personal contra ti. Solo devuelvo favores.
— ¿Haz creado la cura para la infección?
— Antes de responderte quiero que sepas que tu esposa ha hecho un gran trabajo. Ímpetu, ese gran virus que curaría hasta el cáncer más agresivo, lo adoro. Solo de una mente maestra como la de Isabella podría haber salido, fue mí musa inspiradora para darle a Ímpetu mi toque mágico y hacerlo el poderoso agente limpiador que conocemos hoy. Siempre existe la cura—me guiña el ojo—
— Entonces todo es un negocio— los disparos que antes sentí ahora se vuelven más fuertes, seguro se están acercando, es una emboscada, espero que los demás estén bien—
—No comprendo—dice con sorpresa—
— Ahora que McCartney está muerto  ¿quién que es el dueño de CoverLabs?—
— Castle y Cicatriz— dice con tranquilidad—
— ¿Aún no logras divisar que sucede?
— No—dice con impaciencia— apúrate en decirlo, no quiero perder más tiempo.
— Está bien— suspiro— ha logrado que seas ciega ante esta realidad. Te inculcaron que ellos quieren sanar la enfermedad que invade el mundo. Que si son pocos los sobrevivientes van a poder poblar el planeta con nueva gente y demás cosas que solo sirven para esconder la única verdad.
— ¡¡¡Cállate!!!— Exclama con furia— tú no sabes nada.
— Sí que lo sé… Y lo supe siempre… Tus jefes aman al dinero. Es tan sencillo como eso. Crearon la enfermedad y la cura, tiene un laboratorio y los medios. No es tan difícil verlo… Las acciones se van a disparar… ¿Crees que atacarán a todo el mundo? Esa es otra vil mentira.
— ¡¡¡ Cállate!!!— dispara y roza mi oreja derecha, siento la sangre brotar—
— No seas inocente Miss… pero está bien, cuando yo parta de este mundo desde algún lado observaré como te enteras la verdad. Es solo cuestión de tiempo. Es más, no creo que exista el famoso Jardín de Edén.
— ¡¡¡Sí que existe!!!— Grita— tú no sabes nada. En las cuevas negras de las montañas gemelas se encuentra el jardín. Debes informarte más y dejar de decir mentiras que perjudican nuestra asociación.
— ¿De qué asociación me hablas?- indago con calma— si ellos solo desean el mal y engordar sus cuentas. Pero te entiendo a ti, entiendo que deseas encontrar una verdad que te ayude a vengar a tu familia.
— Si… Eso quiero, y para que suceda tú tienes que morir— dice con serenidad y me apunta— adiós Thomas— el disparo no sale y mientras golpea el arma, Adolf ingresa y la tira el piso—
— ¡¡¡No la asesines!!!— Exclamo con un pequeño grito—
— Pero te quiso disparar— dice con enojo—
— Sí, lo sé, pero ella tiene la cura y la necesitamos con vida.
— Está bien… Lo que tú ordenes— la saca de la habitación a los empujones—

Dos horas después del intento de asesinato, me encuentro mirando por la ventana los pájaros posarse en un viejo Álamo. Intento, aunque no lo logro, asumir que en poco tiempo no podré ver estas cosas. El cáncer que ha tomado posesión de mi mente sabe que tiene todas las de ganar, sabe que no batallaré y creo que se esperará el mejor momento para acabar con mi última bocanada de aire.

Isabella me predijo que esto sucedería, que llegaría el tiempo donde las enfermedades acabarían con la humanidad. Ella inculcó en cada charla que brindaba, que debíamos dejar de lado cada intento de egocentrismo, “no somos inmortales, no somos seres superiores y lo más mínimo nos puede matar” esas fueron las últimas palabras que logré escuchar de ella en una conferencia. Siempre nos cuidó y yo eché todo por la borda con mis adicciones.

— ¿Que sucede?— dice Adolf al ingresar—
— Nada importante— sonrío al darme vuelta y ver su cara de enojo—
— Tenemos que hablar… Atacaron estás instalaciones en tu búsqueda… Debemos acabar con esto en este preciso momento… Sabemos por una fuente confiable dónde se encuentran Cicatriz y Castle. Es ahora o nunca…

Me quito el suero… Respiro profundo y exhalo con calma.

— Entonces vayamos a acabar con esta guerra— nos abrazamos y salimos caminando en búsqueda del final—

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