Venganza y Muerte

Escondidos detrás de una roca en las montañas gemelas nos encontramos con Daina, el sol con su intensidad normal para esta época me genera un fuerte dolor de cabeza que no me permite concentrarme. Estos dolores son recurrentes en momentos de estrés, Taiana fue secuestrada intentando detener el camión que lleva a los hombres infectados. Mi intuición me indica que debo recorrer todo el terreno sin pensar y solo disparar. Pero Daina es la voz de la cordura aquí y me dice que eso sería una locura, que a Taiana no le harán daño, al menos por ahora, sólo la utilizan para atraparnos.
—Tienes que entender que a ella no le puede suceder nada, todo es mi culpa – digo furioso- no debí permitirle que batalle a mi lado.
—Fue su decisión participar- exclama con entereza-
—Lo sé- libero un suspiro- ¿Y ahora?
—Antes de salvarla debemos concretar nuestros planes, si los infectados cruzan las fronteras estaremos perdidos.
— ¿Y si ya lo han hecho?
—Entonces deberemos informarle a las autoridades de los demás países que se preparen para una gran epidemia.
—Daina sabes que el dinero moviliza al mundo- digo con furia- nadie se mueve como el Círculo sin tener aliados políticos. Estoy seguro que en el mundo entero saben de sus planes. Y estoy casi seguro que Cicatriz es solo la punta del iceberg. Que maneja los hilos de este pequeño país intentando hacernos creer que es el jefe supremo. Lo peor de todo es que debemos saber dónde se ubica el jardín de Edén.
— ¿Y porque necesitamos saberlo?
—Su ubicación ayudaría a poder asesinar a los cabecillas, a los poderosos.
— ¿No sería muy arriesgado?- dice sorprendida-
— Por supuesto- digo con calma- todo lo que hagamos de aquí en adelante tendrá un riesgo extremo. Pero no podemos centrarnos en el futuro sin ocuparnos del presente. Debemos salvar a Taiana.
— ¿Cuál es el plan?
— No tengo la menor idea, pero algo debemos hacer- libero un suspiro-
— ¿Y si llamamos refuerzos?
— Ya están en camino- digo con una pequeña sonrisa-
— ¿Son los cadetes?- dice mirándome con extrañeza-
— No… Solo son dos que están dados por muertos… El problema es que estamos incomunicados y no sabré cuando se harán presentes, mi angustia por salvar a mi hija no me da el tiempo de esperarlos.
— ¡¡¡No cometas ninguna locura!!!- Exclama al ver que me pongo de pie-
—Nací desquiciado- le sonrío y comienzo a descender los quinientos metros que me separan de la casilla dónde se encuentra Taiana-

En mi camino hay varias rocas que me permiten esconderme y observar a mi alrededor. Deben ser aproximadamente diez hombres armados afuera, dos arriba del colectivo custodiando a los infectados, algunos más en la casilla y otros dentro de una pequeña cueva. Demasiado para que yo los enfrente, pero dejar a mi hija en las fauces de Castle jamás ocurrirá mientras yo esté con vida. A pocos metros le quito el seguro a mi metralleta, coloco dos cargadores en mis bolsillos delanteros, me aseguro de tener la nueve milímetros en mi cinturón y poseer dos granadas de fragmentación. Un guardia se encuentra a pocos metros de mí y me descubre:
— ¡Sal de ahí!- Exclama gritando-
— ¡No quiero! – respondo elevando mi voz-
—Entonces serás hombre muerto- comienza a caminar hacia mi encuentro-

Me asomo y le disparo en la cabeza,  me vuelvo a ocultar al sentir proyectiles golpear en la roca. Mis latidos comienzan a acelerarse, nada es lo que parece, uno nunca se acostumbra a estar cerca de la muerte. Siento un disparo, es Daina que asesina a uno que estaba a mi lado y que yo no había divisado. Me asomo por mi derecha y logro acabar con otro. Lanzo una granada con todas mis fuerzas hacia unos tambores de combustible. Se generó una fuerte explosión seguida de una ola de calor extremo y caos. Todo fue un descontrol y es donde mejor me manejo. Comienzo mi caminata disparando y asesinando hombres a mansalva. La última granada ingresa por una ventanilla del colectivo acabando con toda vida que se encontraba allí dentro. De la cueva salen varios hombres más, me oculto detrás de una pared. Deben ser aproximadamente diez, Daina dejó de disparar, asumo que se debe haber quedado sin municiones.
Estoy acorralado, ellos parecen estar más organizados que los anteriores. Ahora comienza la verdadera batalla, estoy con el último cargador y la nueve milímetros solo posee quince proyectiles.
Me asomo y al ver que están próximos a dispararme hace que me oculte nuevamente. No tengo un plan pero si el anhelo de salvar a mi hija. Va a ser a como dé lugar, no puedo ni debo morir. Un trozo de vidrio me sirve como espejo. Logro divisar que dos guardias están a mi izquierda, tres al centro y a la derecha. Los restantes seguramente estén ocultos. Una táctica militar para encerrarme en forma de tenaza. Lanzan una granada cegadora que no surte efecto porque logro cubrirme a tiempo. Seco la transpiración de mis manos y giro a mi derecha, disparo y uno cae. Solo lo herí en la pierna.
En el momento que asumí que teníamos todas las de ganar descubro que volvimos a caer en una trampa, El círculo sobrevivió tantísimo tiempo siempre intentando demostrar que estaban acabados. Disparo por segunda vez y erro el tiro, mi arma se traba al recibir un impacto. Ahora sí, ahora estoy acorralado.

—Tenemos la orden de no matarte- dice uno de ellos- pero no nos obligues.
— ¿Quieres que te crea esa mentira?- indago enfadado-
—Tú decides sobre la vida de ellas dos-
— ¿Cuáles dos?
—Thomas… Ya sabes quiénes son, sal en este preciso momento…
— ¡¡¡No lo hagas Thomas!!!- exclama Daina con un grito.

Tenía que suponer que la había atrapado sino no hubiera dejado de disparar. Los forcejeos que se escuchan me generan mucha ira, vuelvo a sentir lo mismo que el cáncer de Isabella me generó en su lecho de muerte. Pero, en este caso aún puedo hacer algo para intentar detener esta batalla.

—Está bien… Está bien -digo y me asomo- aquí me tienen.
— Perfecto- dice uno de ellos, moreno, alto y de una contextura física que doblega mi tamaño- me llama con el cañón de su arma— McCartney desea verte.
— Ese maldito— sonrío— Debí suponerlo.
— ¡Al jefe no se le falta el respeto!— me golpea con la culata y pierdo el conocimiento.

Me despierto en un lugar semi oscuro, frío, un tanto tenebroso y con mis manos atadas. Segundo a segundo la neblina de mis ojos comienza a disiparse para dar paso al verdadero escenario. Una pequeña mesa donde McCartney está apoyado, con aspecto renovado, su color de cabello ha cambiado, su postura… y posee más arrugas que en nuestro último encuentro. A mí lado está Daina con sus ojos inyectados en ira y a su lado Taiana con su rostro demostrado temor. Desatarme no va a ser una opción, no poseo ningún objeto cortante como la vez en la que logré escaparme del Hombre Frío.

— Se lo que piensas- dice con calma- siempre buscando la forma de escapar. ¿Pero no te cansas de hacerlo? Yo lo estaría. Ustedes siempre vienen detrás de nosotros y cuando llegan a una supuesta verdad escapan despavoridos llenos de temor. Pero te miento si te digo que no los entiendo, el temor es algo natural. Es un método de defensa, nuestra mente nos indica que debemos escapar de nuestra supuesta muerte. Nuestra sociedad comenzó siendo una pequeña semilla en un desierto árido, pero creció como un roble y absorbió todo el sol posible. Luego, la enredadera atrapó todo a su lado creando un pequeño oasis.

— Posee una gran imaginación, pero no quita que vaya a asesinarte- dice Daina furia extrema—
— Las mujeres no tiene el derecho de dirigirse a mí -le patea la silla y ella cae-cuando te de la palabra tú hablas, aquí el señor y jefe de la reunión soy yo -le da una patada en las costillas-
— ¡¡¡ Detente estúpido!!! -Exclamo con un grito e intento moverme en la silla como si tuviera la fuerza de mil hombres para soltarme de mis ataduras-
— ¡Oh pero vean esto! El héroe se enfurece, el gran Thomas quiere asesinarme- larga una carcajada sádica- está bien… La dejaré, solo porque tú me lo pides -La levanta y le da un beso en la frente- Tu, pequeña mujer, debes saber respetar a los hombres, nosotros manejamos las situaciones importantes y ustedes simplemente son mascotas.
— No creo que sea así— exclamo con tranquilidad—
— ¿Por qué lo dices?
— Primero, te crees poseedor de la verdad absoluta, como cada uno de tus amigos. Esa soberbia que me genera arcadas. Segundo, aclamas que fuiste tú quien asesinó a Jane e Isabella, entre otros. Y no fue así, tu solo fuiste un títere – sonrío-
— ¡No es así!—dice elevando su voz—
— Los dos sabemos que sí -dice Daina entre dientes- La mujer misteriosa que llama continuamente a Thomas es la que se encarga de todo. Tú no eres nadie. Eres más inútil que la basura.
— ¡¡¡Cállate!!!— Grita y detiene su puño a milímetros de la nariz de Daina -casi caigo en tu intento de hacerme enfadar para que cometa errores, pero eso no sucederá, soy un hombre calmo. Puede ser que en el caso de Isabella haya dudado en asesinarla, era tan bella… Esas curvas encendían mis demonios sexuales dormidos, quería convertirla en mi esclava. Le ofrecí dinero para ir a un motel pero siempre se negó, porque amaba a su estúpido marido. Te investigué Thomas y ¡de qué manera lo hice! Nunca me descubriste. Siempre estuve a tu lado. Pero tú, siempre centrado en el trabajo, en detener a los enemigos. Un día me desperté y necesitaba asesinarte pero una de las leyes de nuestra organización es no matar por placer o que sea personal. Asique contraté a Anthony pero el inútil no supo llevar el trabajo con sutileza. Le di por escrito el plan, punto por punto, matar al hermano y tenderte una trampa pero se encegueció… ya sabes el resto.

— No sé si reírme o matarte -digo con furia-

— En el caso de Jane fue más fácil –continuó- él se enfrentó conmigo y puso en peligro todos los planes. Su familia no debía morir pero fueron daños colaterales.
— ¿Daños colaterales? -indaga Daina con sus ojos inyectados en sangre- ¡eran niños inocentes!
— Si, puede ser -le acaricia el pelo- pero salvar el mundo es más importante.
— Tú no eres quien lo tiene que decidir.
— Tú no eres quien me da órdenes a mí -dice McCartney con una sonrisa victoriosa- el plan es claro, el que se cruza en nuestro camino termina muerto. Es fácil y sencillo. Jane quiso salvar al mundo y así le fue.
— Sabes que acabaré contigo— Exclama Daina—
— ¿Y cómo lo harás? -le apoya el cañón de su arma en la frente- ¡Mira a tu alrededor! es imposible que eso suceda. Tu amiga está sumergida en un terror extremo que no le permite hablar. Pero deberá hacerlo. Tu noviecito será el primero en morir y tú lo seguirás.
Mi psicóloga siempre me dijo que amo el poder, que necesito tenerlo para estar en calma conmigo. ¿Será verdad?
Tal vez si, tal vez no. Pero tener a mis tres enemigos frente a mí me provoca  querer asesinarlos de la forma más sádica posible. Thomas no me permitió estar con Isabella y acabó con varios de nuestros planes. Taiana tiene que darme la ubicación de la libreta dorada y tú, solo por faltarme el respeto. Entonces pienso – se acaricia el rostro con el cañón del arma y  camina de punta a punta la pequeña habitación- ¿en qué momento deberé acabar con ustedes? Son tan aburridos, tan… ¿Cómo decirlo…? Como un juguete roto del que tienes que deshacerte, o en su defecto, regalarle a un niño pobre… Maldita pobreza, la aborrezco… Yo nací en un hogar con muchas riquezas, éramos felices. Fui un niño amado, protegido y sobre todo, con proyectos futuros. Lamentablemente una noche, nuestros sirvientes decidieron hacer una revuelta y asesinar a toda mi familia solo con el deseo de obtener nuestras riquezas. Yo, con catorce años y gracias a las clases de tiro que me dió Cristopher logré acabar con cada uno de esos malditos. ¿Y ustedes quieren decirme que debemos dejar el mundo como lo conocemos hoy en día? Este mundo debe ser habitado por seres que buscan el bien. Las riquezas serán divididas en partes iguales, los recursos no se agotarán de manera desmedida y el cambio climático no será tan drástico como lo es hoy en día.
— Hermoso discurso -digo con calma- para vender un lugar en Edén pero los que estamos aquí sabemos que no es esa la razón por la que lo hacen. El dinero lo es todo para ustedes. Infectar al mundo para limpiarlo es tan malvado como estúpido. Se les va a ir de las manos, sumado a la guerra que se aproxima con Nice y el desparpajo de los demás países al verse invadido por inmigrantes que buscan la salvación por las malas gestiones de los políticos.
— Todo puede ser- Sonríe- pero no pueden negar la realidad. Ella existe en plenitud, no dejen que un árbol les impida ver el bosque.
— Ustedes no puede decidir quién vive y quién muere. Aquí los adinerados parecen ser los únicos que merecen seguir con vida. Los demás, los que día a día buscan la forma de sobrevivir, no lo merecen.
— ¿No has escuchado todo lo que expuse? -dice enojado-
—Sí, pero no logro entenderlo.
—Lo harás cuando lo veas… ¡Pero que tonto que soy!  No estarás vivo para ver el trabajo de tu fallecida esposa…
— ¡No te atrevas a hablar de ella! -digo con extrema furia, quiero asesinarlo con mis propias manos-
—El amor funciona de maneras que nunca entenderé, Isabella ya está muerta ¡Entiende de una buena vez! -exclama con un pequeño grito- no es más tuya ni mía.
— No es de nadie, nunca fue un objeto –refuto-
— Si lo era… Era el objeto de mis deseos más perversos –su mirada demuestra excitación-
— Eres desagradable -Intento nuevamente desatarme a sabiendas de que es inútil-
— Muchos me lo han dicho, pero aquí sigo, vivo y con el poder de decidir sobre la vida de ustedes tres -Me apoya el arma sobre la frente- a veces, cuando caminas por el sendero del mal, piensas, como en tu caso, que siempre ganarás pero existe la posibilidad de que te encuentres con alguien peor que tú. Soy experto en acabar con las escorias pero eventualmente uno se agota de la sangre, se agota del llanto de súplica de las víctimas. Y es ahí donde te decides a contratar sicarios. ¿Para qué hacer el trabajo cuando hay otro que lo puede hacer por ti? Aquí es cuando ingresa el Fantasma, el hombre Frío y Sinner. Simples títeres que no pudieron notar que estaban siendo usados.
— El famoso Fantasma -expreso con calma- sí, lo recuerdo. Recuerdo nuestra última reunión, lo envié a averiguar datos que complicarían a Castle y por ende a todos ustedes.
— ¿A nosotros? – Libera una carcajada- Thomas ¿de verdad crees que puedes generarnos temor?
— Puede ser -digo con calma- puede ser que tengas la razón. Pero… La verdad será develada a su tiempo. Falta poco para que suceda.
— Esperaré ese día -me retira el cañón en el momento que recibe una llamada-

Se retira de la habitación y en ese momento Daina me chista en voz baja. La miro y me dice:

— Aquí en la mano tengo un trozo de metal que me está ayudando a cortar los precintos, distráelo más tiempo así logramos tomarlo por sorpresa.

— Sé que hiciste que te golpeara para atrapar el trozo que estaba en el suelo. Pero no vuelvas a hacerlo, es un desquiciado, puede asesinarte sin siquiera dudar. El gran problema es que Bill aún no ha aparecido por lo que estoy incomunicado con los demás.
— ¿Pero quiénes son los que tienen que venir?
— No estoy en condiciones de decírtelo— suspiro—
— ¿Porque no?— sigue intentando romper el precinto—
— Las paredes escuchan, suficiente con que ya hayan ganado todas las batallas para darles por ganada está también.
— Entiendo –sonríe- ahora nos preocupemos por escapar y ver cuál es el siguiente paso.
— ¿Taiana por qué estás en silencio?
— En este preciso momento no lo puedo decir -baja la mirada- pero si no acabamos con McCartney seguramente… -se silencia-
— ¿Qué pasa? -indago con calma-
—Pasará algo muy grave -no levanta su mirada- Algo que asumí que tenía resuelto pero parece que ellos siempre están un paso delante nuestro.
— ¿La libreta dorada? -indaga Daina mientras sigue intentando desatarse-
— No… Eso está seguro en un lugar inhóspito que jamás encontraran pero… hallaron la forma que yo delate la ubicación, para mi suerte ustedes llegaron en el momento exacto. Desde que me atraparon solo se dedicaron a torturarme, en vano ya que nunca iba a funcionar… hasta que llegó McCartney con toda su seguridad de que yo hablaría. Y casi lo consigue.
— Dinos y te ayudaremos -digo intentando que confíe en mi-
— Aún no es el momento -sonríe forzadamente- si lo matamos y destruimos esa carpeta marrón que está sobre la mesa pondremos a salvo mi secreto.
— Está bien -digo luego de liberar un suspiro- el plan es el siguiente…

Antes de terminar de narrarles el final, McCartney volvió con su rostro transformado y el terror lo volvió vulnerable.

— ¿Malas noticias? -indago con una leve sonrisa-
—Nada de lo que te interese -expuso enojado-
— ¡¡¡Vamos McCartney!!! -Exclamo con alegría- no demuestres seguridad cuando no la posees. Recuerdo un compañero de secundaria, Bob Nalyd, soberbio como ninguno, siempre asumiendo que poseía el saber absoluto… Pero, como sabrás, todos los imperios caen y los emperadores mueren. Y eso fue lo que sucedió con él, su acoso continuo a Luke se le volvió en contra. Terminando su vida en un accidente producido por su marioneta, como él lo llamaba. Tú McCartney crees que podrás con nosotros, pero somos Luke, somos su espíritu, su esperanza y su entereza.
— Tú no eres nadie más que una escoria infernal -me golpea con la culata una y otra vez, sonrío y escupo la sangre-
— Golpeas como un niño -me paso la lengua por el labio lastimado- ese llamado que recibiste es solo el comienzo de tu debacle y el final de tu vida.
Libera una carcajada tan larga como absurda, signo de un temor extremo.

— Que tus hombres hayan acabado con dos transportes de infectados no significa que todo haya terminado, siempre tenemos planes de respaldo. Morir puedo hacerlo en cualquier momento, pero no será hoy y no será por ustedes que ya me han agotado -carga su arma- tu hija me dirá la ubicación de la libreta en este preciso momento -me apoya el arma en la rodilla- ¡mírame Taiana! ¡Le dispararé hasta que hables! -Ella no responde-  Uno…dos…tic tac
— ¡¡¡Hey!!! -exclamo con un grito- acércate…
— Tres…cuatro…cinco
— ¡Vamos McCartney! ¡Acércate! -digo nuevamente con un grito mientras una gota de transpiración recorre mi frente-
— Seis… Tic Tac Taiana -ella no responde- siete… Tú serás la culpable de la muerte de tu padre… Ocho… Nueve…
— ¡Yo sé dónde está! -digo al sentir que ella lo iba a hacer-
— ¡No lo digas! –Me grita Taiana- todos corremos peligro. El mundo entero.
— El mundo no me interesa, mi vida si…
— ¡Tú siempre tan ególatra! -dice ella enojada-
— Di lo que quieras -Exclamo con seguridad- soy un recurso importante, no puedo morir aquí.
— Muy bien -dice McCartney mientras aplaude- soy todo oídos
— Las paredes oyen, así que acércate…
— Pero primero –da un paso hacia adelante y luego se vuelve hacia atrás- dime cómo lo supiste -en su voz se denota desconfianza-
— Yo sé todo -le sonrío burlonamente-
— Dime -apoya el arma en la frente de Daina-
— ¿Porque lo necesitas saber? -indago con sorpresa-
— Porque dudo de tu palabra… –presiona el arma contra ella-
— Bueno está bien… Baja el arma… Le coloqué un micrófono y la escuché hablando con su fuente…
— Interesante la falta de códigos con tu hija –sonríe- aunque debo decir que no me sorprende.
— ¿Cómo me pudiste hacer algo así? -expresa Taiana con ira-
— Tu nunca lo entenderás -digo luego de liberar un suspiro-
— Nunca dejaras de ser tú mismo el centro de tus acciones, ¡nadie te importa! –En sus ojos hay decepción-
— ¿Cómo no lo mereció Emma Hellferts, o me equivoco Thomas? -dice McCartney-

No puedo ocultar mi sorpresa, no sé cómo supo mi mayor secreto pero no es el momento de saberlo

— ¿Quieres o no la ubicación?
— Sabes que si -se acerca- vamos, dime, pero no quieras hacer lo mismo que hiciste con el Hombre Frío o serás hombre muerto.

Se acerca a unos pocos centímetros y apoya el arma en mis testículos. Haga lo que haga recibiré un disparo. Todos mis planes se fueron por la borda y solo queda sacrificarme. Siento un vidrio romperse y observo cómo la mano derecha de McCartney se despedaza, su grito fue ensordecedor pero me ayudó a reaccionar. Con mis piernas le doy un golpe en sus rodillas logrando que caiga. Él se arrastra en búsqueda del arma pero para su sorpresa Daina, que había logrado desatarse, logra alcanzarla primero.

—Levántate basura -le da un puntapié en el rostro- no sabes lo que esperé este momento, finalmente aquí estamos, solo tú y yo. Tú, un asesino sádico y yo una vengadora. Mis sobrinos tenían sueños, anhelos… querían ser bomberos. Querían salvar gente y ¡¡¡tú maldito!!! -grita y lo golpea con la culata- tú les arrebataste todo. Tú y tu perverso Círculo con sus ideas dispersas y absurdas de salvar el mundo.
— No… Fui yo… quien ordenó sus muertes…
— ¿Ahora tienes miedo? Ahora que no posees el poder eres débil y aburrido -otro golpe- eran pequeños, eran mi vida -otro golpe más y McCartney cae- ¡levántate basura! -lo coloca de rodillas y con los ojos llenos de lágrimas le dice- Te odio, te aborrezco y no mereces vivir.
—¡¡¡No lo asesines!!! -Exclamo con un grito-
— ¿Por qué no? -indaga con furia-
— Es un testigo clave para saber  las coordenadas del Jardín de Edén -digo con calma- El mundo depende de nosotros, acabar con él es lo que te vuelve un ser como ellos. Respira profundo cuando sientas que la oscuridad inunda tu alma. Respira Daina…

Al terminar la frase, respiró profundamente, le dió la espalda a McCartney y dijo:

—Ojala fuera tan fácil, ellos eran mi mundo, no los que quedan con vida…

Se dió vuelta y con el metal con el que se liberó de sus ataduras le cortó el cuello de oreja a oreja, logrando que McCartney se ahogara en su sangre y convulsionara en el piso. Quedé perplejo.

—En este mundo no queda nada para que yo siga con vida -Se llevó el arma a la cabeza- Adiós Thomas -Se oyó un disparo y mi vista se oscureció-

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